viernes, 1 de julio de 2011

CAPITULO CATORCE. Siempre tuya, Emma.

Cuando acabe de leer la carta y reflexionar en lo que debía hacer bajé al salón para charlar un rato con mi familia. Y allí estaba él, Anthony, mi prometido. Cuando lo vi, cambié de pensamiento, pero en ese momento cuando pensaba en subir otravez arriba, mi madre, mi adorada madre me vió y me reclamó :
- Hija, mira quien ha venido a verte es Anthony ¿ Donde vas?
- A ningún lado, Hola Anthony
- Hola Emma. ¿ Por que no vamos a dar un paseo?
- Es que...tengo que, lavar la ropa, si eso.
- No pasa nada, para eso esta tu madre.
- Gracias mamá, muchisimas gracias. Como siempre tan servicial.
Mi madre sonrió, a lo que yo no. Salimos por la puerta y salimos a andar.
Estábamos callados ninguno quería comenzar una conversación sin ningún sentido, que no llevaría a nada. Pero el venció el silencio cuando más lo añoraba.
- Se que no te gusto, pero la confianza es fruto del tiempo.
- Eres igual que mi madre, por eso no he llegado a apreciarte ni un poco todavía.
- ¿Igual a tu madre? ¿En que sentido?
- La misma forma de pensar, los mismos errores y que solo pensáis con el dinero. En vuestra vida solo hay dinero.
- Lo más importante de la vida.
- Mejor acabemos con esto. Por desgracia ya tengo bastante por aguantarte toda una vida. Y perdona por la ofensa, pero lo siento así.
Me dirigí a mi casa y él se quedo parado. Entre y cerré la puerta para que no volviera nunca más, aunque eso sería imposible.

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